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Apuntes quincenales

Publicadas por El ático |

Por: Rolando Franco

Emily Elizabeth Dickinson
...su interior, su poesía…

Pequeñez
Es cosa tan pequeña nuestro llanto;
son tan pequeña cosa los suspiros...
Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morirnos…












(10 de diciembre de 1830 - 15 de mayo de 1886).

Emily Elizabeth Dickinson fue una poetisa estadounidense. Aunque casi desconocida en su tiempo, su voz llegó a ser considerada entre los grandes poetas de Norteamérica en el s. XIX.


SOY NADIE

Soy nadie. ¿Tú quién eres?
¿Eres tú también nadie?
Ya somos dos entonces. No lo digas:
lo contarían, sabes.

Qué tristeza ser alguien,
qué público: como una rana
decir el propio nombre junio entero
para una charca admiradora.

Versión de L.S.

Su vida transcurre en el más completo retiro, y desde el punto de vista literario en un anonimato casi completo. Dickinson es un caso excepcional en la historia de la poesía y de la creación literaria en general. En su aislamiento y dedicada a su mundo interior, no publica sus obras, las escribe casi como para su propio y exclusivo conocimiento. Tan incierta que al mismo tiempo necesita, reclama con urgencia una y otra vez, la comprensión, la voz de estímulo, no de los críticos o del gran público, sino de los amigos íntimos que creen en ella y que sucesivamente se van convirtiendo en lo que ella misma llamó sus «tutores».


Gracias a que no público en vida, con mínimas excepciones, su poesía no sufrió de la aguda y casi descalificante critica que habría de arremeter contra su creación fragmentada y llena de valor sólo para su quehacer solitario e íntimo. Los poemas de Emily son profundamente líricos, la mayoría sumamente breves, casi todos de hondo sentido autobiográfico acompañados de una reflexión lírica sobre la vida y la muerte, sobre el amor y el dolor, sobre los incidentes menudos de su doméstica y recluida existencia. Y sobre las cosas, los hechos y las personas que le rodean. Estos poemas están escritos casi impensadamente, pero en todos ellos se advierte su instintivo sentido de la metáfora y la imagen poética exacta y espontánea.


“no fue una poetisa profesional ni una amateur, fue una poetisa privada que escribió infatigablemente como otras mujeres cocinan o cosen. Su regalo de palabras y la encrucijada cultural de su tiempo la llevaron a la poesía en vez de a las labores domesticas… ella estuvo, como lo dice el Sr. Tate, en el momento justo para cierto tipo de poesía: de una visión sofisticada y excéntrica. Lo que hace que su obra sea buena y en algunos pasajes grandiosa. Pero… la mayor parte de sus versos no son representativos sino meramente indicativos de una notación fragmentaria. Lastima es que la documentación de su trabajo completo no muestra que ella tenía grandes temas, visión, observación y honestidad, los cuales hicieron, sin saber ella cómo ni por qué, la mayor parte de su poesía genuina. Pero la sociedad de la época, decadente, no poseía la tradición mediante la cual enseñarle la única lección que no supo por instinto”. (R. P. Blackmur en 1937)


La poesía en Emily: universo lleno de intimidad, una voz incansable que desea ser escuchada solo por ella, que observa desde una ventana los ojos y las risas que ella apropia como suyos. Su poesía se convierte en un diario, en una forma de liberar-se y de escuchar-se, para así poder convivir con el mundo, un mundo que esta afuera, un mundo que es lejano para ella, pero del que sabe no puede escapar, lo único que permite seguir, es el intento de apropiación e interpretación y eso es lo que reflejan su palabras.


Final 1.

La luz se ríe de la brisa
En su Castillo sobre ellos -
Murmura la Abeja en un oído imperturbable,
Trinan los dulces Pájaros en cadencia ignorada -
Ah, ¡Cuánta sagacidad aquí perecida!

Final 2.

Solemnes pasan los Años, Crecientes, sobre ellos
Los Mundos recogen sus Arcos -
Y los Firmamentos - reman -
Se arrojan Diademas y se rinden los Dogos -
Tácitos como puntos - sobre un Disco de nieve -

Versión de Miguel Artime


COLOQUIO
Había muerto yo por la Belleza;
me cercaban silencio y soledad,
cuando dejaron cerca de mi huesa
a alguno que murió por la Verdad.
En el suave coloquio que entablamos,
vecinos en la lúgubre heredad,
me dijo y comprendí: Somos hermanos
una son la Belleza y la Verdad.
Y así, bajo la noche, tras la piedra,
dialogó nuestra diáfana hermandad
hasta que el rostro nos cubrió la yedra
y los nombres borró la eternidad.
Versión de Carlos López Narváez


EN MI FLOR ME HE ESCONDIDO

En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera...
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.
En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.

Versión de L.S.


MORIR NO DUELE MUCHO

Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

Versión de L.S.

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